Un día, en el mundo de los infiernos, una Sirena y el Minotauro se encontraron y empezaron a hablar sobre sus vidas.
Minotauro: ¡Hola sirena! ¿Qué tal estás? ¿Por qué estás aquí?
Sirena: Estoy aquí porque acompaño a Perséfone en su vuelta a los infiernos, ¿y tú?
Minotauro: Yo estoy aquí porque Teseo, hijo del rey de Atenas, me mató por venganza.
Sirena: ¿Qué venganza?
Minotauro: Yo me comía cada año a 7 jóvenes y 7 doncellas de su pueblo ya que Minos les obligaba a servirme de comida.
Sirena: ¿Por qué te alimentaban? ¿Y por qué no te mataron antes?
Minotauro: No me mataban porque soy el hijo de un toro blanco, enviado por Poseidón, y de Pasifae, mujer de Minos,y como soy un monstruo me encerraron en un laberinto, que construyó Dédalo, y allí estaba yo sin poder salir: me tenían que dar de comer ellos ya que yo no podía encontrar mi propia comida.
Sirena: Pareces casi invencible ¿Cómo es que Teseo consiguió vencerte?
Minotauro: Porque Ariadna le ayudo a encontrarme, y después a salir del laberinto del que nadie había salido nunca:le dio un ovillo de hilo para que cuando me matara consiguiera encontrar la salida. Lo único que hizo que tuviera aunque sea una pequeña venganza es que el padre de Teseo murió al poco tiempo. Bueno, dejemos de hablar de mi, ¿Qué tal tu vida? ¿Qué hazañas has hecho últimamente?
Sirena: Hazañas últimamente pocas, sólo sigo devorando a los hombres que pasan, aunque algunos se escapan.
Minotauro: ¿Y como es que se te escapan? ¿No decían que el canto de las sirenas es irresistible?
Sirena: Si, la mayoría de los hombres no pueden resistirlo y vienen a nuestra isla pero algunos consiguen escaparse, por ejemplo el otro día estaba atrayendo a unos marineros y Orfeo consiguió hacer que no nos hicieran caso.
Minotauro: ¿Y cómo lo hizo?
Sirena: Les distrajo con su canto.
Minotauro: Entonces sólo se escaparon ellos ¿no?
Sirena: Que va, Ulises también consiguió escapar con su tripulación.
Minotauro: ¿También les ayudo Orfeo?
Sirena: No, Ulises hizo que sus tripulantes se pusieran cera en las orejas para que no oyeran nuestro canto y él, como tenia mucha curiosidad, quiso oírnos.
Minotauro: Y si os oyó ¿cómo consiguió rechazar la tentación de ir con vosotras?
Sirena: No consiguió rechazar nuestro canto pero antes de nada les había dicho a sus tripulantes que le ataran muy fuerte a un mástil del barco y que, por más que pidiera que le soltaran no lo hicieran. Y así consiguió escapar, ellos pocos fueron los únicos que escaparon.
Minotauro: Con la buena reputación que teníais es una pena que algunos se os hayan escapado.
Sirena: Sí, supongo. Me tengo que ir, ya es hora de volver o se me hará demasiado tarde y tendré que esperarme hasta mañana.
Minotauro: Si alguna vez vuelves, búscame y seguiremos hablando ¿vale?
Sirena: De acuerdo, hasta la próxima vez.
Y así, después de mucho hablar, la sirena se fue otra vez a su isla a seguir comiendo y el minotauro, otra vez solo, siguió vagando pos el mundo de los muertos.